
En los útimos meses el hall de las dependencias está decorado con tres inmutables y enormes cajas cuyo contenido a nadie interesa y por eso han optado en dejarlos en nuestra abandonada sede a modo de trastero. El caso es que el contenido de las cajas de marras está constituido por miles de folletos que versan sobre la calidad del servicio público y la administración electrónica.
La administración, en su inmensa sabiduría y en un loado alarde de protector paternalismo hacia el administrado, ha decidido que esta información es claramente contraproducente para el ciudadano que puede verse abrumado con semejantes servicios y derechos o incluso llegar a fallecer por un ataque de risa. Lo único que importa es que los folletos se han editado para que alguien en las alturas continúe siendo feliz en su burbuja de utopía y pastel, una vez cumplida la tarea, se endiñan las cajas a unos pringaos para que ellos se encarguen de deshacerse de ellas. Así que ahí siguen, llenas de frases sobre calidad y modernidad administrativa, esperando su triste destino: la hoguera del vertedero.