
Analicemos la fotografía: un taladro, tacos, alcayatas y una percha. En el habitáculo que reservaron para los 2 que llegamos nuevos al departamento esto es lo que había y hay. En un principio, llegué a pensar, quizás llevado por la locura, que iba a venir alguien de mantenimiento a poner la percha. El tiempo pasó y me dije que al menos vendrían a recoger el taladro, pero tampoco. Yo, que soy hombre de bien, me dispuse presto a resolver la tarea, pues en mi periplo administrativo me he visto en la necesidad de realizar labores de este tipo, rozando en algunos casos el arte, como pueden apreciar aquí.
Sin embargo, la sabia advertencia de un compañero me detuvo. Resulta, como ya comenté antes aquí, que las paredes de las dependencias se caracterizan por haber sido levantadas en un sólido y costoso material: el papel de fumar; de manera que un pequeño agujero acaba degenerando en un amplio boquete y nadie se atreve a poner la percha. Así que los abrigos en las sillas, pero el día que me cabree, voy a demoler la sede a patadas.